Nota
autobiográfica
«Nací
en Barcelona en 1929 y aquí he residido casi siempre. Pasé los tres años de la
guerra civil en Nava de la Asunción, un pueblo de la provincia de Segovia en
donde mi familia posee una casa a la que siempre acabo por volver. La
alternancia entre Cataluña y Castilla, es decir: entre la ciudad y el campo —o,
para ser más exacto, entre la vida burguesa y la vie de chateau—, ha sido un
factor importante en la formación de mi mitología personal. Estudié Derecho en
Barcelona y Salamanca; me licencié en 1951. Desde 1955 trabajo en una empresa
comercial. Mi empleo me ha llevado a vivir largas emporadas en Manila, ciudad
que adoro y que me resulta bastante menos exótica que Sevilla, porque la
entiendo mejor. Me quedé calvo en 1962; la pérdida me fastidia pero no me
obsesiona —dicen que tengo una línea de cabeza muy buena. Gano bastante dinero.
No ahorro. He sido de izquierdas y es muy probable que siga siéndolo, pero hace
ya algún tiempo que no ejerzo.»
Bien.
Supongamos ahora que han pasado doce años desde que escribí lo anterior. Y aun
vayamos más lejos, supongamos lo más terrible: que nuestra suposición—tuya y
mía, lector, acuérdate— sea la verdad absoluta. ¿Qué diré entonces que ha sido
de mí durante este espacio interlinear? Lo primero y lo instintivo, es decir
que nada. Luego, tras algún pensar, ciertos hechos se imponen. Por
ejemplo, que Manila ya me aburre y en cambio me fascinó Sevilla, por primera
vez descubierta en noviembre de 1976, después de haber estado en ella
cuantísimas veces. También, que en 1974 publiqué un diario mío de 1956los
años terminados en seis siempre han sido importantes en mi vida, titulándolo Diario del artista s
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