Dadá representa en la humanidad una posición táctica que rechaza algunos puntos de vista por la inercia que revelan, lo cual no le lleva a pretender cambiar el mundo por principio. El sentido del movimiento, mediante antagonismos, mediante oposiciones, también comprende, necesariamente, el letargo. El Dadaísta no sufre el mundo como un niño; no hay Dios, ni Padre, ni Instituciones capaces de castigarlo. Dadá es la desintoxicación práctica del Yo, un estado europeo occidental, anti-oriental, no mágico; Dadá es el germen del nuevo tipo humano; más allá del fárrago moral, cristiano y medievalero, Dadá significa la negación del sentido habitual de la vida o de una civilización que no era trágica, sino acartonada. Dadá es la impasibilidad sonriente que juega a la horca con su propia vida y nació de la voluntad de librarse de la obligación de justificar la estafa europea; Dadá tiende a lo no trágico, tiende al equilibrio dentro de una supuesta libertad que se realiza legalmente, libertad sobre la cual escupe.
¡VOTA DADÁ!
Raoul Hausmann, Correo Dadá
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